A invitación de Brasil, la ciudad de Río de Janeiro fue la sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo (CNUCED) también conocida como "Cumbre de la tierra", realizada del 3 al 14 de junio de 1992. La reunión se dio a conocer como Río-92, y en ella estuvieron presentes delegaciones nacionales de 175 países. Fue, además, la primera reunión internacional de magnitud realizada después del final de la Guerra Fría.
En la Cumbre de la Tierra se consensuó la definición de desarrollo sostenible que años atrás (1988) se había presentado en el Informe Brundlandt:
"Es el desarrollo que satisface las necesidades actuales
de las personas sin comprometer la capacidad
de las futuras generaciones para satisfacer las suyas."
cita del Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Comisión Brundtland): Nuestro Futuro Común
(Oxford: Oxford University Press, 1987).

En la Conferencia de Río, a diferencia de lo que ocurrió en Estocolmo, la cooperación prevaleció sobre el conflicto. En este sentido, al abrir nuevos caminos para el diálogo multilateral, poniendo los intereses globales como su principal preocupación, el significado de la Cumbre de Río fue mucho más allá de los compromisos concretos asumidos, ya que puso de manifiesto las posibilidades de comprensión en un mundo libre de antagonismo ideológico.
Los compromisos específicos adoptados por la Conferencia Río-92 incluyen dos convenciones: una sobre Cambios Climáticos y otra sobre la Biodiversidad, y también una Declaración sobre Florestas. La Conferencia aprobó, igualmente, documentos de objetivos más amplios y de naturaleza más política: la Declaración de Río y la Agenda 21. Ambos endosan el concepto fundamental de desarrollo sostenible, que combina las aspiraciones compartidas por todos los países al progreso económico y material con la necesidad de una conciencia ecológica. Además de eso, por introducir un objetivo global de paz y de desarrollo social duraderos, la Río-92 constituyó una respuesta tardía a las gestiones de los países del Sur hechas desde la reunión de Estocolmo.
Las relaciones entre los países ricos y pobres han venido siendo conducidas, desde la Conferencia de Río, por un nuevo conjunto de principios innovadores, como los de "responsabilidades comunes, pero diferenciadas entre los países", de "el que contamina paga" y de "patrones sostenibles de producción y consumo". Además de eso, con la adopción de la Agenda 21, la Conferencia estableció, de cara al futuro, objetivos concretos de sostenibilidad en distintas áreas, explicando la necesidad de la búsqueda de recursos financieros nuevos y adicionales para la complementación a nivel global del desarrollo sostenible. La Conferencia de Río fue también audaz al permitir una gran participación de organizaciones no gubernamentales (ONG), que pasaron a desempeñar un papel fiscalizador y a presionar a los gobiernos para que cumplan la Agenda 21.
El término "desarrollo sostenible" se pone de moda en una época en la que la crisis ecológica, social y económica, se manifiesta cada vez de manera más exacerbada a todos los niveles, desde el global planetario hasta el regional o local. El desarrollo sostenible se enfoca hacia la mejora de la calidad de vida de todos los ciudadanos de la Tierra, sin aumentar el uso de recursos naturales más allá de la capacidad del ambiente de proporcionarlos indefinidamente. Requiere la comprensión de que la inacción tiene consecuencias y que nosotros debemos encontrar formas innovadoras de cambiar estructuras institucionales e influenciar conductas individuales. Se trata de tomar acción, de cambiar políticas y prácticas en todos los niveles, desde el ámbito individual hasta el internacional.
El desarrollo sostenible no es una idea nueva. Muchas culturas a través de la historia humana han reconocido la necesidad de armonía entre la naturaleza, la sociedad y la economía. Lo que es nuevo es la articulación de estas ideas en el contexto de una sociedad global industrial y de información.
Se trata, en definitiva, de un replanteamiento del actual modelo de desarrollo, tradicionalmente basado en parámetros cuantitativos de crecimiento económico puro y duro, que no ha tenido en cuenta los efectos negativos (externalidades negativas) que nuestras actividades socioeconómicas tienen sobre el entorno natural, las sociedades contemporáneas, que se encuentran en cualquier parte del planeta, y las sociedades del futuro, las cuáles tienen el derecho a recibir un medio ambiente en condiciones tales que puedan ejercer sus propias opciones de vida. Se trata de integrar las esferas de lo ambiental, lo económico y lo social, tradicionalmente separadas e incluso entendidas como incompatibles.
Las ciudades son hoy el principal lugar de producción, consumo y creatividad, pero también son la fuente de la mayor parte de los daños ambientales y donde éstos se manifiestan con mayor virulencia. Estos problemas se deben a características propias de lo urbano y por tanto muchas soluciones deben partir específicamente de la ciudad. La actividad en las ciudades repercute gravemente: Consumo de recursos físicos y su consecuente producción de residuos. |
En la Declaración de Río el desarrollo sostenible se percibe en una base tridimensional. Se trata de un nuevo modelo de desarrollo que incluye una dimensión económica, una social y una ambiental. Estos pilares constituyen la base ineludible del modelo de desarrollo futuro que debemos impulsar.
El Desarrollo sostenible plantea 5 ideas principales:
El desarrollo tiene una dimensión económica, social y ambiental y solo será sostenible si se logra el equilibrio entre los distintos factores que influyen en la calidad de vida.
Avanzar hacia pautas más sostenibles exige atender al carácter de la sostenibilidad como proceso.
El avance hacia la sostenibilidad es un cambio positivo. Las estrategias significan un cambio positivo para las oportunidades de empleo y de bienestar de la ciudadanía.
El desarrollo sostenible representa una clara oportunidad estratégica a largo plazo asumiendo que puede entrañar algunos costes de ajuste a corto plazo.
El compromiso institucional y el consenso social son piezas clave en el proceso de avance hacia la sostenibilidad.
En esta cumbre 175 estados aprueban impulsar políticas de desarrollo de planes de acción local a favor de la sostenibilidad adoptando así la "Agenda 21" (o Programa 21) como plan de acción global hacia el Desarrollo Sostenible. El Capítulo 28 de la Agenda 21, titulado "Iniciativas de las Autoridades Locales en apoyo a la Agenda 21" declara:
[...] Las autoridades locales... en su carácter de autoridad más cercana al pueblo, desempeñan una función importantísima en la educación y movilización del público en pro del desarrollo sostenible
[...] Para 1996, la mayoría de autoridades locales de cada país deberían haber llevado a cabo un proceso de consultas con sus respectivas poblaciones y haber logrado un consenso sobre una "Agenda Local 21" para su comunidad.
En este contexto, el Programa 21, o Agenda 21 , reconoce el papel fundamental que los sistemas urbanos deben cumplir en el desarrollo de este tipo de políticas, ya que la ciudad es un núcleo muy cercano a los conflictos ambientales, económicos y sociales, pero es también fuente de creatividad y de impulso a la búsqueda de soluciones; es la unidad más pequeña en la que los problemas pueden ser resueltos de manera integrada. La actividad urbana, las acciones más cotidianas, individuales o colectivas, de los ciudadanos (como ir al supermercado o coger el coche), tienen impactos tangibles; desde la disminución de la calidad urbana, en lo local, hasta la extensión de una enorme huella ecológica a nivel global (agotamiento de recursos naturales, desaparición de ecosistemas, contaminación, pobreza, hambre, etc.). Por otra parte, la ciudad tiene organizaciones de desarrollo de políticas, cercanas a la comunidad, que es, en primera instancia, quien debe comprender las consecuencias de las diferentes opciones de desarrollo por las que cada día opta y que es, igualmente, la que tiene la capacidad de "pensar globalmente y actuar localmente". Sin la participación ciudadana el desarrollo de políticas de sostenibilidad no será jamás eficaz, pues éstas requieren de una máxima implicación individual y colectiva.
A partir de este acuerdo se desarrollan políticas y programas que llevan a miles de autoridades locales en todo el mundo a implicarse en procesos de Agenda Local 21. Cabe destacar el liderazgo europeo y en especial la Campaña Europea de Ciudades y Pueblos Sostenibles que agrupa a más de 1200 autoridades locales que trabajan por el desarrollo sostenible de sus municipios.
Los documentos aprobados fruto de la Conferencia de Río de Janeiro son los siguientes:
Declaración de Río para el Medio Ambiente y el Desarrollo,
Convenio sobre la Diversidad Biológica,
Convenio sobre el Cambio Climático.




